miércoles, 10 de agosto de 2011

Clara significa: "vida transparente"

SANTA CLARA DE ASIS


 (Asís, 1193 o 1194 - id., 1253) Fundadora de las religiosas franciscanas, llamadas Clarisas. Su padre pertenecía a una de las familias de mejor linaje de la ciudad, y su madre era una dama de profundo sentido cristiano. Cuando tenía 18 años, subyugada por el ardor evangélico de su compatriota Francisco, que acababa de poner en marcha la nueva fraternidad, se confió a su dirección.

Abandonó su casa y en la capilla de la Porciúncula, donde vivía San Francisco, tomó el hábito de manos del santo, prometiéndole obediencia. Inmediatamente fue confiada por Francisco al monasterio benedictino de San Pablo de las Abadesas. Allí tuvo que vencer la enconada oposición de sus parientes. Quince días después, Francisco le procuró un asilo más seguro en el convento de Sant´Angelo in Panzo, en las estribaciones del monte Subasio, donde fue a unírsele, fugada asimismo clandestinamente, su hermana Inés.
Posteriormente, Francisco dispuso para Clara y sus imitadoras una vivienda, adaptada al ideal de pobreza y sencillez que ella misma anhelaba, junto a la pequeña iglesia de San Damián, por él restaurada. Y en ella se instaló el pequeño grupo de Damas Pobres, llamadas luego Clarisas, integrado ya con otras tres compañeras. La comunidad femenina imitaba en lo posible la de los hermanos franciscanos.
Durante cuarenta años, Clara fue la superiora del convento de monjas de San Damián. Su vida era de gran austeridad y muy rica en obras de caridad y piedad. Se cuenta que alejó con sus oraciones a los sarracenos que asediaban Asís. Redactó una Forma de vida en la que insistía en la pobreza como base para la regla que ella misma redactó con posterioridad (1247-1252), adaptación para las religiosas de la regla franciscana. En 1253, una bula pontificia aprobaba solemnemente la regla que había compuesto. Murió en 1253 y fue canonizada en 1255. Sus restos descansan en la cripta de la iglesia a ella dedicada en Asís. Su fiesta se celebra el 11 de agosto.
"El amor que no puede sufrir no es digno de ese nombre" -Santa Clara.

, Italia, en 1193. Su padre, Favarone Offeduccio, era un caballero rico y poderoso. Su madre, Ortolana, descendiente de familia noble y feudal, era
s.


Santa Clara de Asís


lunes, 1 de agosto de 2011


(BASILICA DE SANTA MARIA DEGLI ANGELI. ASIS, ITALIA)
Conocida también como: porciúncula (pequeña porción)
Fiesta de Santa María de los Ángeles: 2 de Agosto
.


Historia de la Porciúncula


A 5 km de Asís, Italia, en el valle, se encuentra Santa María de los Angeles, hermosa basílica construida sobre LA PORCIUNCULA
La pequeña capilla de la Porciúncula fue donde San Francisco fundó la Orden de los Frailes Menores en el 1209, confiándola a la protección de la Virgen Madre de Cristo, a quien le ha sido dedicada la iglesia.
Recibió de los Benedictinos la capilla para hacerlos centro de su comunidad.
Aquí vivió San Francisco con sus primeros hermanos.
El 28 de marzo de 1211 Clara de Favarone de Offreduccio, recibió aquí el hábito religioso de manos de San Francisco, dando inicio a la Orden de las Damas Pobres (Clarisas).
En el 1216, en una visión, Francisco obtuvo de mismo Jesús la indulgencia conocida como "la indulgencia de al Porciúncula" o "el Perdón de Asís", la cual fue aprobada por el papa Honorio III.
Aquí san Francisco reunía cada año a sus frailes en los capítulos (reuniones generales).
Aquí murió san Francisco.
 Entre las reliquias que se encuentran en Santa María de los Angeles:

- el cordón de San Francisco,
-la estatua del santo con las palomas que siempre allí anidan,
-las rosas sin espinas fruto del milagro cuando el santo se tiró sobre ellas para rechazar una tentación,
- la capilla de las lágrimas donde San Francisco rezaba por la Pasión de Cristo y por los pecadores...

Nuestra Señora de los Angeles
bajada temporalmente del techo de la basílica por daño del terremoto, Peregrinación SCTJM, 1998
EL PERDON DE ASIS: En una noche de Julio del año 1216, un fraile oraba fervientemente en su pequeña cueva del bosque. Pedía a Dios la virtud de la humildad. Le llamaban hermano Francisco y, aunque tenía 34 años, ya era conocido y amado por miles de personas. Doce años mas tarde y solo 22 meses después de su muerte, la Santa Madre Iglesia lo proclamaría santo. Pero el "poverelo" se consideró siempre el jefe de los pecadores. En el silencio de la noche, imploraba a Dios todopoderoso que tuviese misericordia de los pobres pecadores, recordando las palabras del Señor: "a menos que hagan penitencia, todos perecerán". Pensaba en su propia juventud, solo doce años antes había sido inquieto, frívolo, ambicioso, mujeriego, y por último, soldado. Difícilmente le daba algún momento de su atención a Dios.
Aquella
noche el Señor le dijo al poverelo: "Francisco, ¿quien puede hacerte mayor bien, el amo o el siervo?" Francisco guardó esta lección a su corazón y decidió poner de primero lo primero. Le preguntó al amo como podría servirle, y Jesús, el amado salvador que abrazó la agonía de la cruz por todos los hombres, le miró con ternura y afecto y le dijo: "Repara mi Iglesia". Desde entonces, cuando Francisco pensaba en lo delicado, bueno, y amoroso que era Jesús, rompía en llanto y exclamaba: "¡El amor no es amado!
".
Primero
Francisco tomó las palabras del Señor literalmente y con gozo reparó la capilla donde había recibido la visión del Señor. Después bajó al bosque en el valle de Asís y reparó la vieja capilla de Nuestra Señora de los Angeles, llamada Porciúncula (pequeña porción). Por su devoción a la Santísima Virgen y por su reverencia a los ángeles, tomó la porciúncula como lugar de vivienda. Los campesinos insistían que ellos muchas veces escuchaban ángeles cantando en la Porciúncula. Ahí fue donde los primeros hermanos se unieron a El, en la vida nueva de santa pobreza, trabajo manual, cuidando a los leprosos, mendigando y predicando el amor de Cristo. Siendo los benedictinos propietarios de aquel lugar, Francisco pagaba como renta anual una canasta de pescado.

Oprimido por el pensamiento de ser indigno ante la misi
ón de fundar la orden religiosa, subió a una cueva en las montañas. Ahí, durante una tormenta se echó al piso y, con una perfecta contricción, rogó a su Salvador que le perdonara los pecados de su vida pasada. En la angustia de su alma el gritaba: "¿Quien eres tu mi querido Señor y Dios, y quien soy yo vuestro miserable gusano de siervo? Mi querido Señor quiero amarte. Mi Señor y mi Dios, te entrego mi corazón y mi cuerpo y yo quisiera, si tan solo supiera cómo, hacer mas por amor a ti!. Repetía: "Señor ten misericordia de mi que soy un pobre pecador."
Luego, una dulce y gentil paz, la maravillosa paz del Señor lleg
ó a su pura y penitente alma y le dijo: "Francisco, tus pecados has sido borrados." Desde entonces, por la gratitud que sentía, ardía en un deseo apasionado de obtener el mismo favor celestial por todos los pecadores arrepentidos. Y por eso oraba y pedí
a fervientemente esa noche en la cueva del bosque.
De repente el sinti
ó un impulso irresistible de ir a la pequeña Iglesia, la Porciúncula. En cuanto entró, como siempre, se arrodillo, inclinó su cabeza y dijo esta oración: "Te alabamos, Señor Jesucristo, en todas las iglesias del mundo entero. Y te bendecimos porque por tu santa cruz redimiste al mundo." Luego al alzar su mirada, en su asombro Francisco vio una luz brillante arriba del pequeño altar y en unos rayos misteriosos el vio al Señor con su Santísima Madre con muchos á
ngeles.

Con pleno gozo y profunda reverencia, Francisco se postr
ó en el piso ante esta gloriosa visión y Jesús le dijo: "Francisco pide lo que quieras para la salvación de los hombres". Sobrecogido al escuchar estas palabras inesperadas y consumido por un amor angelical por su misericordioso Salvador y por su Santísima Madre, Francisco exclamo: "Aunque yo soy un miserable pecador, yo te ruego querido Jesús, que le des esta gracia a la humanidad: dale a cada uno de los que vengan a esta Iglesia con verdadera contricción y confiesen sus pecados, el perdón completo e indulgencias de todos sus pecados".

Viendo que el Señor se manten
ía en silencio, Francisco se dirigio con un confiado amor a Maria, refugio de los pecadores, y le suplicó: "Te ruego, a Ti, Santísima Madre, la abogada de la raza humana, que intercedas conmigo, por esta petición". Entoces Jesús miro a Maria, y Francisco se alegró al ver a Ella sonreir a su Divino Hijo, como que si dijera: "por favor, concedele a Francisco lo que te pide, ya que esa petición me hace feliz a mi".
Inmediatamente Nuestro Señor le dijo a Francisco: "Te concedo lo que pides, pero debes de ir a mi Vicario, el Papa, y p
ídele que apruebe esta indulgencia
". La visión, entonces, se desvaneció dejando a Francisco en el piso de la capilla, llorando de alegría, con profundo amor y agradecimiento.
Temprano en la mañana, Francisco salió con el Hermano Maceo, a la cercana ciudad de Perugia, donde un nuevo Papa había sido electo, Honorio III. En el camino, Francisco empezó a preocuparse, ya que iba a pedirle al Papa, un privilegio muy grande para una capilla desconocida. Ese tipo de indulgencia solo se le había concedido a la tumba de Cristo
, a la de San Pedro y San Pablo y a los que participaban en las cruzadas. Entonces Francisco oró arduamente a Nuestra Señora de los Angeles.

Cuando llegó
ó el turno de hablar con el Papa, Francisco se dirigió con gran humildad: "Su santidad, unos años atrás reparé una pequeña Iglesia en honor a la Santísima Virgen. Le suplico le conceda recibir indulgencias, pero sin tener que dar ninguna ofrenda" (Francisco pensaba en los pobres).-El Papa replicó:"No es muy razonable lo que pides, pues quien desea una indulgencia debe hacer un sacrificio. Pero, bueno, ¿de cuantos años quieres que sea esta indulgencia?-Francisco respondió: "Santo Padre, podría usted no darle años específicos, sino almas?
-¿
Qué significa eso de almas, Francisco? Ahora Francisco tuvo que elevar una oración ferviente a Nuestra Señora, ya que debía explicarle al Papa lo que significaba su petición. Con mucha humildad pero con firmeza hizo su extraordinaria petición, la que ha sido conocida como la indulgencia de la Porciúncula.-"Yo deseo, si le parece a su Santidad, por las gracias que Dios concede en esa pequeña Iglesia, que todo el que entre en ella, habndose arrepentido sinceramente, confesado y habiendo recibido la absolución, que se le borren todos los pecados y las penas temporales de ellos en este mundo y en el purgatorio, desde el día de su Bautismo hasta la hora en que entren en esa iglesia."
Impresionado por esta firme y sincera petición, el Papa exclamo: "Estas pidiendo algo muy grande Francisco, ya que no es la costumbre de la Corte Romana conceder ese tipo de indulgencia"
Reconociendo que esta oportunidad de traer gracias a la humanidad, podía desvanecerse en
aquel instante, Francisco añadió con fervor y vehemencia, y con una serenidad devastadora: "Reverendísimo Santo Padre, yo no le pido esto por mi mismo, lo pido en nombre de Aquel que me ha enviado, Nuestro Señor Jesucristo".
En ese momento el Papa recordó que su gran predecesor Inocencio III, estaba convencido que Cristo se le aparecía y guiaba de manera especial a este pequeño y santo poverelo. Movido, por el Esp
íritu Santo, el vicario de Cristo solemnemente declaró tres veces: es mi deseo que se te sea concedida tu petición. Pero los cardenales que estaban presentes al escuchar esta innovación revolucionaria, protestaron y reclamaron al Papa que esta rica y nueva indulgencia debilitaría las cruzadas. En términos fuertísimos le exigieron que la cancelara. Pero el Papa les dijo, "yo no cancelo lo que he concedido". -"Entonces restríngela lo más posible"
.
El Santo Padre llam
ó a Francisco y le dijo: "nosotros te concedemos esta indulgencia y debe ser válida perpetuamente, pero solo en un día cada añ
o, desde las vísperas, a través de la noche, hasta las vísperas del siguiente día."
Francisco sumisamente bajo la cabeza y después de agradecer al Papa, se levanto y comenzó a salir. Pero el Papa le llamo: "¿Adónde vas, tu pequeño poverelo? No tienes garantía sobre esta indulgencia"
. Francisco se volvió hacia el y con su simpática y confiada sonrisa le dijo: "Santo Padre su Palabra es suficiente para mi, si esta es la obra de Dios es Él quien hará su obra manifiesta. No necesito ningún otro documento. La Santísima Virgen María habrá de ser la garantía, Cristo el notario, y los á
ángeles los testigos." (Recordando la visión)
Francisco escucho estas palabras
en su oración: "Francisco quiero que sepas que esta indulgencia, que ha sido concedida a ti en la tierra, ha sido confirmada en el cielo".
Con gran gozo compartió esta revelación al hno. Maceo, y juntos aligeraron el paso para ir a darle gracias a Nuestra Señora de los Ángeles en la Porciúncula.
Para la solemne inauguración de este perdón en la Porciúncula, Francisco escogió Agosto 2, porque fue el primer aniversario de la consagración de esta santa capilla, y porque Agosto 1, era la fiesta de la liberación de San Pedro de las cadenas que tenía en la cárcel (Agosto 2, es el día de Nuestra Señora de los Ángeles).
En presencia de los obispos de Asís, Perugia, Todi, Spoleto, Gubbio, Nocera y Foligno, anunció Francisco a la multitud la gran noticia: «Quiero mandaros a todos al paraíso anunciándoos la indulgencia que me ha sido otorgada por el Papa Honorio. Sabed, pues, que todos los aquí presentes, como también cuantos vinieren a orar en esta iglesia, obtendrán la remisión de todos sus pecados».
Jesús y María confirmaron su aprobación del Gran Perdón de la Porciúncula. Una vez a un santo fraile franciscano, Beato Conrado de Ofida, la Virgen Santísima se le apareció envuelta en un rallo de luz, con el niño Jesús en sus brazos, en la puerta de la Porciúncula. El niño bendecía a todos los peregrinos que entraban en la capilla de su Madre para adquirir el perdón de los pecados.
Más tarde los obispos de Asís y otros Papas promulgaron documentos confirmando "El gran Perdón de la Porciúncula". La pequeña iglesia dedicada a la Santísima Virgen se convirtió en uno de los mas famosos santuarios de peregrinación de toda Europa. Más tarde Gregorio XV hizo extensivo el jubileo de la Porciúncula a todas las Iglesias Franciscanas del mundo.  En 1921, el Papa Benedicto XV canceló la restricción de manera que se pueda obtener indulgencias cualquier día. Según el decreto de la Penitenciaría Apostólica del 15 de julio de 1988 («Portiuncolae sacrae aedes»), se puede ganar la indulgencia en La Porciúncula durante todo el año, una sola vez al día. Cada año una multitud de fieles acude allí para recibir el «Perdón de Asís» también llamado «Indulgencia de la Porciúncula». Sin embargo, a partir de
Condiciones para obtener la indulgenciaEl Perdón de Asís se puede obtener para uno mismo o por los difuntos. Las condiciones son las prescritas para las indulgencias plenarias.
1) Visita al Santuario con la recitación de un Padrenuestro y un Credo
2) Confesión sacramental y Santa Comunión
3) Rezar según las intenciones del Sumo Pontífice.


sábado, 30 de julio de 2011

HORA DE ADORACIÒN

UNA SOLA ALMA VALE MÁS QUE EL MUNDO ENTERO





Canto de exposición



G: En este momento de adoración queremos meditar sobre nuestro estilo de servicio apostólico. Invoquemos el don del Espíritu Santo para que  nos impulse a  dejarnos guiar  por el ejemplo de Jesus y por las palabras de la Fundadora que nos invitan a donar nuestra vida como entrega gratuita y generosa al prójimo.


Canto al Espíritu Santo



EN ESCUCHA DE LA PALABRA



L.1: Lectura del Evangelio de San Mateo (25,34-40)



“Entonces dirá el Rey a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis;
estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme." Entonces los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?" Y el Rey les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis."



L.2: Lectura del Evangelio de San Juan  (12,24-26)



“Os digo que a menos que el grano de trigo caiga en la tierra y muera, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; pero el que odia su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, Sígame; y donde yo estoy, Allí también estará mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.” 

L.1: Lectura del Evangelio de San Mateo



“Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.
Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.” 





(Silencio y meditación personal)





ORACIÓN  (rezamos entre varias solistas)



Benditos los pies de quien, en lucha por la vida,

encuentra tiempo de ir por los caminos del mundo,

entrar en las casas y acercarse a las personas para anunciarles

que Cristo vive y es nuestra esperanza.



Benditos los pies que se apresuran a la invitación de Jesús:

“Id por todo el mundo, predicad el Evangelio a todas las personas,

superando cualquier distancia para encontrar, junto a los hermanos y hermanas, el sentido de la alegría verdadera.



Benditos los pies de quien se olvida y sale de sí mismo para consolar y ayudar a quien está enfermo y solo, a quien sufre.



Benditos los pies de quien comparte su pan con el hambriento, se solidariza con el pobre, es testigo de la justicia y de la misericordia.



Benditos los pies de quien busca la profecía de una palabra que ilumine la historia humana, de quien construye hermandad y amistad en medio de prejuicios y exclusiones.



Benditos los pies de quien busca a la persona allí donde es humillada y pisoteada, de quien descubre y protege la vida donde se sufre violencia y muerte.



Benditos los pies de quien encarna la novedad del Reino, de quien sabe provocar y esperar, perseverar y sufrir para introducir lo eterno en la historia humana.



Canto

PENSAMIENTOS DE LA MADRE FUNDADORA



L.3: “una sola alma vale más que el mundo entero; por lo tanto conducir al bien estas almas inocentes, infundir en sus tiernos corazones adversidad aun por las más pequeña faltas, a fin de que nunca tengan la desgracia de caer en el abismo del pecado, orientarlas y conducirlas hacia el camino recto de la divina gracia; todo esto vale mucho más que gobernar el mundo entero.” (Const. I Pag.2)



L.4: “Os exhorto, queridas hermanas, a tener serenidad interior, desprendimiento de sí, rectitud en la educación de la juventud. Si no fuéramos así, no haríamos nada bueno, perderíamos todo, porque casi nunca hay gratitud. El Señor sí, recompensará a los que trabajan para orientar al bien a estas sus criaturas, sin buscar intereses i tratando de complacer solamente a Dios. Para obrar bien en la educación se necesita mucha experiencia, virtud y amor a Dios, desprendidas de sí y solo preocupadas de dar gloria a Dios.” (Autobiografía)



L.3 : “Era grande mi satisfacción por poder acoger a aquellas pobres niñas que todo el día estaban abandonadas al ocio de la calle, jugando y bromeando con otros chicos de su edad. Mi satisfacción tenía además otros motivos, ya que notaba la hermosa y consolante buena disposición de aquellas pobres criaturas que, por no haber recibido hasta entonces ninguna instrucción, apreciaban tanto las enseñanzas de sus Maestras que el día de descanso les resultaba un gran sacrificio. Observando la buena voluntad de las niñas, resolvimos recibirlas también los días festivos después del almuerzo, para instruirlas mejor en las verdades de nuestra Santa Religión.” (Rasgos históricos)



L.4 : “Sentía un gran respeto hacia todas las criaturas, más no temor de ninguna. Las miraba y amaba a todas en Dios, como si fueran su viva imagen, por lo que era más complaciente, caritativa, tolerante, comprensiva con ellas y dispuesta a alabar sus virtudes de las que me complacía como si fueran mías, aunque a veces alguna picaba mi amor propio que, ayudada por la gracia, me recreaba manteniéndolo quieto, inmóvil, como decía, ante cualquier ataque. Sentía este respeto y benevolencia hacia toda clase de personas y entonces no me pesaba tanto tener que tratar con los forasteros y con los criados del Monasterio porque, al ver en ellos la imagen de Dios, despertaban en mí una dulzura y ternura que me hacía ser con ellos más afable y amable. También por esto deseaba beneficiarles y ayudarles, por amor a Dios, a quien veneraba en todos ellos, sin distinción entre buenos y malos.” (Autobiografía)



(Silencio y meditación personal)



Momento de resonancia  (cada una puede repetir algunas frases o compartir una reflexión o una petición)





Canto



Oración final:



“Oh mi dulce Jesús, para que yo aprendiera a amar rectamente y contantemente tus criaturas, me enseñaste a ponerlas un te Sagrado Costado. Oh, que ofensa te causan, mi buen Jesús, aquellos que no aman por amor a ti a todas las criaturas, tan apasionadamente amadas por ti, sobre todo a las almas miserables y pecadoras. No hay pretexto ni razones para despreocuparnos porque tú, Jesús, las has buscada a todas.

 Por todas con infinito amor has fatigado, has sufrido, has dado tu preciosa vida, has derramado tu sangre hasta la última gota para aliviar las almas enfermes, reconquistar las perdidas, fortalecer las tímidas, instruir las ignorantes; con el fin de salvarles a todas y hacerlas felices. Oh Dios de Amor! Después de haber considerado tu infinito Amor por cada criatura, podré yo seguir con un corazón tan frio”.